Lunes, 08-09-08
Nadal acabó perdiendo ante Andy Murray en un partido intenso, de esos que te acabas mordiendo un ojo de la tensión. En el mismo se vio regresar al español, con la casta y frescura que le había faltado el día anterior. No es mucho consuelo, pero al menos cayó siendo fiel a sí mismo, a su juego y a su garra, y no la sombra que desfiló ante el escocés en la primera parte del encuentro. Había calentado Rafa antes del choque y se le veía de otra forma, más puesto, metiendo golpes más profundos. Lo hizo con Pat Cash y con un junior australiano, ambos al otro lado de la pista, contra él.
Estaba caliente el español, muy metido en el partido, y se vio nada mas comenzar, llegaba mejor, corría más, se le veía dispuesto a todo. Y el público apoyándole a muerte, buscando la final eterna. «Quiero que pase Rafa», había dicho Federer, sediento de sangre y de venganza. Pues va a ser que no Rogelio. Otra vez será.
Y el caso es que Rafa cumplió con el papel, aguantó su servicio (sobre todo en el último juego) y se puso 6-4, dispuesto a escalar el Everest en el que se había convertido un partido duro y abrupto.
Pero había sombras, sospechas que acechaban, y todas provenían de Murray. Ningún amago de venirse abajo, concentrado, con un gran saque (21 «aces<MC1>») y bolas largas, muy largas. Parece que lo hace fácil el escocés, porque tiene mucha clase (no tanta como Federer aunque en ese estilo), pero lo cierto es que cada golpe va muy largo, cercano a las líneas, impidiendo siempre la agresividad del rival de turno. A Rafa le costaba porque su derecha no hacía daño y ayer su saque fue irregular. Jugaba bien cuando le entraba el primero, pero tenía muchos problemas con el segundo y, lo peor, jugó un muchos servicios con ellos.
El mejor Murray
Mala cosa. Se vio en el segundo juego del tercer set. Ocho iguales, tres ventajas de Rafa y siete bolas de «break» para Murray antes de que el «game» cayera en manos del español. Pan para hoy y hambre para mañana. Algo no funcionaba, y no era tanto Nadal, que aún sin estar al cien por cien, estaba jugando a un nivel aceptable. El problema era Murray, que ha presentado en este torneo un tenis muy maduro. Siempre se ha dicho de él que era un potencial «top five» con aspiraciones de número uno. Tiene calidad, elegancia, pega duro y, sobre todo, es muy bueno tácticamente. Lo malo es que tiene los muelles de la azotea un poco desajustados. Cuando los ajuste va a ser (ya lo es) un rival temible.
Además, en esta pista está en su casa porque es un tenista que golpe muy plano y en esta clase de superficies la bola le vuela que es un gusto. Rafa tuvo problemas siempre, pero le mantuvo el pulso y también tuvo sus opciones. Sin embargo, su juego fue decayendo poco a poco. No fue tanto en ímpetu, sino en errores de estrategia. Subió a destiempo, se quedó cuando un «winner» suyo precisaba una subida a la red y eligió mal las direcciones de algunos golpes. Murray falló menos de lo que en él es habitual pero, sobre todo, lanzó una cantidad de «winners» enormes, 65, por sólo 32 de Rafa.
Además, en esta pista está en su casa porque es un tenista que golpe muy plano y en esta clase de superficies la bola le vuela que es un gusto. Rafa tuvo problemas siempre, pero le mantuvo el pulso y también tuvo sus opciones. Sin embargo, su juego fue decayendo poco a poco. No fue tanto en ímpetu, sino en errores de estrategia. Subió a destiempo, se quedó cuando un «winner» suyo precisaba una subida a la red y eligió mal las direcciones de algunos golpes. Murray falló menos de lo que en él es habitual pero, sobre todo, lanzó una cantidad de «winners» enormes, 65, por sólo 32 de Rafa.
El desenlace fue más de la bola de Woody Allen en «Match point» que de los méritos de uno y otro. Un golpe del escocés se quedó en la red y cayó llorando en la pista de Rafa, y luego un «winner» del español dio en la red y se le quedó a Andy tan bien que se creyó Felipe II. Dos regalos. Luego Rafa tensó la cuerda, arriesgó mucho en derechas largas y, sobre todo, se la jugó en el último punto con una dejada suicida. Al menos cayó (6-4) como los grandes.


